“El liberalismo siempre fue enemigo de la democracia”
Los programas académicos de las universidades públicas tienden a inclinarse por pensadores europeos para abordar temáticas relacionadas con los cambios sociales producidos en los últimos años. Esta decisión, que cuenta con el visto bueno de docentes y estudiantes, se ve respaldada por el esfuerzo de interpretar la realidad en torno a un eje clave: la globalización.
Con esta disposición se pasa por alto una cuestión clave: las ciencias sociales siguen el mismo patrón que la actividad económica en la época del “granero del mundo”, es decir, exportar nuestros problemas en calidad de “materia prima” y leer luego las interpretaciones de los teóricos del primer mundo en clave de “trabajo manufacturado”.
Ezequiel Adamovsky es doctor en Historia y dicta clases en la UBA y otras universidades públicas del país. Es el pensador argentino que más desarrolló en la última década la noción de Estado en torno al complejo cuadro que plantea la globalización. En una charla con Taenia, habló con un tono humilde, didáctico y convincente de sus escritos y su militancia política.
- En Anticapitalismo para principiantes afirmás que preocuparnos por trazar diferencias entre clases, como si fueran entidades separadas entre sí, es hacerle un favor al sistema. ¿Cuáles serían los pilares sobre los cuales se produce la hegemonía de la clase dominante?
- El concepto de clase me sigue pareciendo fundamental. Pero hay que entender que el núcleo de la dominación social tiene que ver con separar en clases diferentes a las diversas personas que no pertenecemos a la clase dominante. No sólo en el tipo de trabajo que realizamos, sino también en cuanto al prestigio social y el reconocimiento. En nuestra sociedad no existen sólo dos clases, “burgueses y proletarios”, sino que hay un montón de categorías sociales construidas materialmente y desde los imaginarios con el fin de que cada individuo se perciba como miembro de una clase diferente a la del otro. Una clave de la hegemonía es esta separación, porque impide la construcción de solidaridades políticas entre distintos grupos sociales subalternos. El sistema premia o estigmatiza diferencialmente a las personas a lo largo de toda la escalera social.
- Vos señalás tres ejes originales, exitismo, productivismo y consumismo, para abordar dicha estigmatización. ¿Podrías explicar cómo funcionan?
- No es una cuestión puramente ideológica, tiene un basamento real. Efectivamente nos encontramos separados y aislados unos de otros, inducidos a pensar que el prójimo nos dañará. Por una parte, el sistema trabaja en este sentido con la idea de inseguridad. No es casualidad que sea el tema central de las corporaciones mediáticas. En el cine hay una prédica constante del miedo. Así funciona aceitadamente la hegemonía, impidiendo la solidaridad con el otro. Por otra parte, las alternativas de éxito que ofrece el sistema rinden mucho más si te dedicás a enriquecerte y a acumular conocimiento individualmente que si trabajás con un grupo con fines políticos o solidarios. En la universidad sucede algo similar: las evaluaciones de rendimiento de un estudiante son más bien individuales. El sistema en todos los ámbitos premia el trabajo individual y castiga directa o indirectamente el trabajo colectivo.
- Muchos de tus ensayos tienen como núcleo central el cuestionamiento de la “democracia” y tienen la intención explícita de profundizar tal concepto. ¿Qué otro aspecto, además del voto, te parece importante al hablar de democracia?
- Democracia es el todo decidiendo por el todo. La necesidad de construir un sujeto social múltiple que articule las demandas de vastos sectores tiene como eje la intención de llevar la idea de democracia a su primer sentido, el original: el “todo cooperante” decidiendo cómo vamos a vivir en cada aspecto de nuestras vidas. Esto no quiere decir eliminar la esfera individual (parte de lo que decidimos como un todo cooperante es que algunas cosas las queremos decidir como individuos). Hay cosas que tienen que volver a ser de dominio social, no sólo qué presidente o diputado querés, sino poder decidir de qué manera querés trabajar, cómo organizar ese proceso laboral y repartir sus frutos. Son decisiones democráticas que debemos tomar como un todo social. Este es el sentido del concepto que quiero recuperar como algo que es nuestro por derecho propio, aunque nos ha sido arrebatado por el discurso liberal. El liberalismo es y siempre fue enemigo de la democracia real. Su idea de democracia restringe nuestro poder de decisión a ámbitos muy menores e irrelevantes, como es el de elegir funcionarios. La prueba está en todos los contextos históricos donde el dispositivo democrático se acercó a la democracia real y los liberales apoyaron salidas autoritarias, golpes de Estado y represión. Esto en la Argentina, lamentablemente, lo sabemos muy bien.
- Tus críticas no se centran sólo en el liberalismo, sino que también ahondó en el análisis sobre la izquierda tradicional. ¿Cuáles son las características principales de esa izquierda?
- Hay que ver de qué hablamos cuando hablamos de izquierda tradicional. Las luchas contra en sistema tienen una larga tradición…
- Me refería a la izquierda conservadora, la izquierda “de derecha”.
- (Risas) Hay una izquierda autoritaria que en verdad hoy tiene poco que ver con un proyecto de emancipación de los trabajadores. En verdad, a veces parece que su contenido de “clase” fuera diferente del que plantea en su discurso. Por momentos parece que representara el proyecto de una clase intelectual o “gerencial” orientada no a propiciar la igualdad, sino a recrear la sociedad sobre la base de una nueva jerarquía, la jerarquía de los que “saben” y tienen la capacidad de organizar a los demás. La igualdad que declaman no se manifiesta en un respeto o una escucha del prójimo, que aparece casi siempre como un instrumento. Queda como un ideal abstracto y futuro, supeditado a otros fines: la vida “racional” y reglada, el poder de la organización y la planificación, el apego a una doctrina o texto canónico. Hay allí un discurso de izquierda pero a veces acompañado de una cultura y un posicionamiento que es más cercano a la derecha, como dicen ustedes. Creo que allí reside una de las claves de la incapacidad de la izquierda tradicional de hacer pie masivamente y entre las clases populares. El único grupo social que consistentemente se siente atraído en alguna medida con sus propuestas son los estudiantes, y eso es bastante indicativo del horizonte político que encarna la izquierda tradicional, más allá de lo que afirme su discurso.
- Tus reflexiones tienen en cuenta la noción de Estado y se pueden leer como una superación para el pensamiento de izquierda. ¿Cuáles serían los rasgos esenciales del Estado?
- El Estado es una de las formas históricas de gestión de la vida social, y está intrínsecamente relacionada con el surgimiento del capitalismo. Pero cualquier comunidad de iguales que pensemos para el futuro debe tener instituciones políticas, leyes y formas de hacerlas respetar, garantías para los distintos grupos, es decir, gestión política de lo social. No me imagino una sociedad utópica del futuro donde mágicamente todos estemos de acuerdo siempre y en todo. Habrá grupos que no estarán de acuerdo con las decisiones del conjunto y la sociedad tendrá que garantizar la convivencia de todos.
- Entonces el Estado es necesario.
- Si por todas estas reglas entendemos el Estado, entonces en el futuro habrá organización estatal, aunque yo reservaría la expresión “Estado” para definir el ordenamiento institucional del capitalismo, que sin duda es opresivo y preferiría ver desmantelado. Son muy dañinas las visiones utópicas de sociedades en asamblea permanente o esa visión de “paz, alegría y amor” entre los seres humanos, que hace a cualquier ley irrelevante. Una sociedad de iguales necesita no menos sino más reglas que una sociedad de no iguales.
- Un punto de tu análisis está dedicado a la “interfase” eleccionaria por medio de la cual la clase dominante legitima su hegemonía ¿Los movimientos sociales emancipatorios pueden participar de la política estatal?
- Lo primero que hay que decir, como un gesto de honestidad básico, es que nadie tiene una respuesta acabada sobre estrategia política. Mi visión es que no hay transformación social sin lidiar con la política estatal en la fase de transición. Y para ello posiblemente haya contextos en los que pueda ser necesario competir en la arena de la política electoral. Hay que hacerse cargo de eso, lo que no significa convertirse en un partido necesariamente. El desafío es desarrollar instituciones políticas de nuevo tipo, que nos permitan articular la energía múltiple de los diversos movimientos sociales, pero de un modo que no termine subordinándolos a una lógica partidaria-estatal que invariablemente termina traicionándolos. Los movimientos latinoamericanos en particular vienen ensayando experiencias de diverso tipo en este sentido. En toda América Latina vemos exploraciones de cómo lidiar con el Estado de una forma menos ingenua que a través de partidos políticos tradicionales. Es un momento de gran debate entre movimientos sociales, después del cual saldrán líneas estratégicas más claras. Por ahora es prueba, error y debate.
- ¿Qué lugar ocupa la nueva generación de movimientos sociales emancipatorios en la actual etapa de la globalización?
- Desde la perspectiva de los movimientos, la globalización no es siempre una amenaza, sino también una oportunidad. Actualmente, están globalizados sólo los derechos económicos de los poderosos, pero no los derechos económicos, sociales y culturales de los pobres. Esta situación abre la posibilidad de construir redes de solidaridad política que sean verdaderamente globales. En la medida en que el sistema es global, la única manera de enfrentarlo es articulando políticas antisistémicas a nivel global. La tradición de izquierda, internacionalista, siempre tuvo esto en claro.
- Una hipótesis tuya señala las dificultades de la izquierda a la hora de pensar el poder y tiene como eje el análisis referido a qué verdad hay en el apoyo popular a la derecha. Tal teoría es imposible pensarla en otra sociedad que no sea la argentina. ¿De qué se trata?
- Hay un rasgo cultural que comparten muchas personas de izquierda que tiene que ver con despreciar al prójimo en nombre del “hombre nuevo” y despreciar la sociedad actual en nombre de la del futuro. Algo de esto es lógico, entendible y necesario, ya que tiene que ver con soñar una sociedad diferente. Pero el camino hacia ese sueño debe ser el de la cooperación entre iguales. Despreciar al prójimo porque no es lo suficientemente conciente como uno, o porque adhiere a otras doctrinas o partidos, impide cualquier tipo de solidaridad. Aquí las opciones son: negociar, consensuar entre pares e ir para donde decida el grupo, o bien la alternativa del “gerente coordinador”, que consiste en decirle a los demás lo que tienen que hacer. El problema es que esta vía termina implantando formas de dominación peores que el capitalismo.
- El miedo heredado a raíz del comunismo soviético es un claro ejemplo.
- Lo que ocurrió en la Unión Soviética fue la instalación de un régimen social opresivo a niveles nunca vistos. Desde entonces los izquierdistas cargan con la imagen de ser personas que se creen seres superiores, con fuerte sentido jerárquico, con intenciones de mandar a los demás, de decirles qué tienen que hacer, y con poco respeto a los derechos y necesidades de los otros. Es una imagen bien ganada de la cual nos debemos hacer cargo. Es una salida muy cómoda decir “lo que pasó en la Unión Soviética no fue comunismo” y, de este modo, la culpa no es nuestra. Debemos hacernos cargos de ese legado y decir que esa derrota y esa tragedia de quienes buscaron una alternativa al capitalismo es nuestra. Parte de lo que somos en algún momento condujo a eso, entonces hay que revisar lo que somos hoy. Tenemos responsabilidad en eso y nuestra tarea hoy es generar valores, prácticas, una ética, una forma de organización que nos conduzcan por otros caminos y no al autoritarismo, la jerarquía, la violencia contra los demás. Viendo algunas organizaciones de izquierda de la actualidad muchas veces pienso que la lección de las derrotas pasadas todavía no fue aprendida.
- En el epílogo de Octubre Hoy, brindás una reflexión muy interesante al sostener que “no existe un curso natural de las cosas; éstas, libradas a su curso aparentemente natural, sólo perpetúan la opresión, aseguran la dominación, refuerzan el poder y continúan la tradición”, por lo cual la experiencia soviética tuvo que dejar algunos valores positivos.
- Hay cosas positivas, pero depende de dónde y cómo uno mire. Como modelo de organización social, el soviético es espantoso. Aún así, demostró que se puede organizar una economía con un mercado muy limitado en sus alcances, demostró que hay una economía que puede organizar la producción de un país enorme por varias décadas sobre bases no mercantiles. Donde sí hay muchas enseñanzas para los movimientos sociales emancipatorios de hoy es en el proceso de la revolución rusa, muy mal conocido por muchos años de propaganda oficial de la URSS. La revolución fue mucho más que lo que hizo el partido bolchevique en octubre de 1917; hubo experiencias de autoorganización y de luchas a gran escala que fueron creación propia de las masas. Es un proceso muy rico e interesante para estudiarlo en serio y aprender lo que pasó allí. Fue la revolución más extensa, profunda, múltiple y autoorganizada que hubo y todavía podemos encontrar allí claves para pensar la acción política hoy.
-Por último, ¿qué relación hay entre estas preocupaciones políticas y el interés por la clase media?
-De hecho, la Historia de la clase media que publiqué el año pasado en cierto sentido parte de las mismas preguntas, aunque de manera implícita. Lo que me interesa es pensar la posibilidad de que se constituya un sujeto social revolucionario, el nuevo proletariado, para ponerlo en términos de Marx. Y cualquiera que sea el camino hacia ese fin, creo que está claro que involucrará la articulación de solidaridades políticas entre los sectores más pobres y el escalón inmediatamente superior, que hoy ya se considera “clase media”. En el estudio de la formación de la clase media espero haber avanzado un paso más en la tarea enorme y colectiva que significa repensar los caminos hacia la emancipación.
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Sobre las ideas de interfase, democracia, Estado, globalización, ver: “Problemas de la política autónoma: pensando el pasaje de lo social a lo político”, ensayo que se puede leer en varias páginas web y en el libro Más allá de la vieja izquierda.
Sobre las ideas de planificación económica, el lenguaje y la hegemonía, la experiencia soviética, ver: Octubre Hoy, conversaciones sobre la idea comunista, en el cual se encuentran entrevistas con Boris Kagarlitsky, Ernesto Laclau y Horacio Tarcus, entre otros. También Octubre Rojo, escrito en colaboración con Martín Baña y Pablo Fontana.
Sobre la situación de los movimientos emancipatorios, ver: Anticapitalismo para principiantes.
Sobre la clase media: Historia de la clase media argentina, apogeo y decadencia de una ilusión 1919-2003.