miércoles, 3 de noviembre de 2010

Manifiesto de la revista Taenia Emplumada



El funeral más largo de la historia

“Lo bello se halla removiendo escombros”
Antonio Porchia

   Dentro de un ataúd donde se encuentran exangües los tesoros de la historia, una taenia emplumada se desliza lenta, pero implacable. Serpentea sobre los restos descompuestos de ángeles, cielos, museos y balas; sobre el esqueleto de Dios. Se alimenta de la carroña que alguna vez trazó el rumbo de la modernidad, nutriéndose de ella, fortaleciéndose, aunque mientras más crece, más se afirma en su carácter parasitario. Es ciega y no conoce dirección, pero las plumas que la distinguen la hermanan con la altura y el riesgo.
   Escribimos en nombre de una comunidad que ve en el cuerpo de una taenia emplumada el crisol de las miserias modernas y en sus plumas un “mas allá” que nos desafía a perseguir lo alto, lo sagrado y lo bello sin cinismo (a diferencia de las posturas contemporáneas), como se busca un dios o un amor. Se trata de comprometer la palabra al despertar de nuestro cuerpo, que no exista una línea escrita que no apele a la violencia. Nos encontramos –como la taenia– surcando desechos que se nos presentan como la única realidad posible: la de la sociedad del espectáculo, la del consenso de la democracia liberal y la banalización estética como una moda anciana y perpetua.
   Tal simulacro de lo real nos impide cada vez más llevar una existencia signada por el erotismo de los momentos soberanos, por una comunión con el otro, limpia, incondicional y desinteresada. Por eso sentimos que es urgente experimentar un cambio espiritual y estético, sabiendo que estamos marcados por el error de la obra que aspira alto, el error que es un límite y un triunfo.
   Creemos que se trata de una cuestión de intensidad, de búsquedas literarias que no se escuden en el sarcasmo y la apatía para justificar la superficialidad o en los proyectos literarios que sólo viven con fines políticos. Siempre es la intensidad la que nos mueve, la que hechiza y sacrifica la palabra, bien lo supieron los brujos del barroco cubano y, si se trata de contar historias, que nos las cuenten grandes personajes que no teman a ensuciarse de realidad. ¿Debemos sonrojarnos por seguir creyendo en la belleza?
   Es urgente resingnificar el papel de la teoría crítica con el fin de la politización de la vida, pero creemos que la política debe servir para alcanzar distintos modos de estar en el mundo como alternativa a la miseria del presente, como observaba Rodolfo Kusch: “Porque, ¿qué es comunismo, peronismo, gremialismo, movimientos obreros, el horizonte izquierdista o, en un terreno más personal, la simple neurosis, sino formas evidentes de poner concretamente sobre el tapete el retorno a otras soluciones más humanas, más comunitarias, donde se recobre otra vez una gran parte del hombre que había quedado relegada con la sociedad liberal del ser alguien?”.
   Lamentablemente hoy no entendemos a la política como un medio necesario para un nuevo posicionamiento del hombre en el mundo, o una práctica donde el sacrificio no esté supeditado al mero interés material. La política hoy se resuelve en los debates televisivos y -con suerte- queda reducida al voto ciudadano y a la charla de bar. Por eso se hace urgente manifestar el papel que puede jugar la intensidad en la práctica política activa, en el retumbar primitivo del bombo en la marcha, cuando el manifestante toma la calle y “por un tiempo deja de ser el relevo técnico de la máquina y se convierte él mismo en motor (máquina de asalto), vale decir, productor de velocidad” (Virilio),  cuando se da la comunión existencial entre militantes.
   No queremos idealizar la revuelta o suponer que en cada expresión política se llega a un éxtasis, muchas veces el verticalismo y la monotonía de cierta izquierda jurásica demuestran lo contrario, pero negar esa posibilidad sería dormir en la neutralidad afectiva de los sectores políticos más reaccionarios.
   Nos ubicamos en el plano político dentro de la izquierda (alejados del purismo que pueda implicar el término) no por cuestiones nostálgicas sino estratégicas, para separarnos de la visión liberal-progresista que edulcora y condiciona exigencias de la izquierda que entendemos incuestionables, o bien camuflándolas en posturas socialdemócratas, o bien ignorándolas como un arcaísmo de la modernidad.
   Pero no podemos negar la repulsión que sentimos hacia la tradición de izquierda que reflexiona desde la razón ilustrada para pensar alternativas políticas: la de visiones teleológicas y progresistas de la historia, del desarrollo absoluto de las fuerzas productivas, la de la castración del espíritu por una racionalización científica y su método como única vía hacia el conocimiento, la de la negación de lo sagrado como fuerza afirmativa y subversiva. La búsqueda de un comunismo con un nuevo sentido, tanto material como espiritual, es nuestra mayor exigencia.
   El camino de la taenia emplumada está trazado y al excluirnos de la multitud para seguirla, sólo nos queda perdernos juntos. La comunidad empieza a arrastrarse, usted está invitado…

No hay comentarios:

Publicar un comentario